jueves, 10 de julio de 2014

ARNSWALDER PLATZ




Ese domingo no se quedó a dormir.  Después de almorzar juntos, en silencio y con la tv encendida, durmió la siesta. El también durmió la siesta en el sofa, pero con la cabeza para el otro lado. Sus pies inmóviles le rozaban el vientre y como tantas otras veces, ella se durmió deseando.
Como tenía que estudiar,  el se despertó antes. Sus ruidos del papel de sus libros y las teclas del computador la trajeron de vuelta de un sueño que no quería dejar. Desde hace un tiempo, los despertares se le hacían difíciles. Incluso los de las siestas: alarma, salto, vueltas sobre la cama y sobre sí misma.  Intentar extender el sueño o tartar de, en esos cinco minutos que se sienten como diez, creer que hoy todo iría mejor.
El se metió en la realidad rápidamente:  sentado en su escritorio, parecía serle tan fácil el deber, como si el camino a su objetivo estuviera  libre de escombros. Pero los dos sabían que eso no era tan así. Y ella igual, tan atraída por ese rol de pez en el agua que le había asignado a el.
Todavá tirada en ese sofa feo, pero que nunca habia dicho lo feo que lo encontraba,  postergaba la acción esperando un gesto, una palabra, una mirada, smplezas que con el paso del tiempo, habían alcnazado estatus de revelaciones. Hasta los Buenos recuerdos servían. Pero ya no los encontraba.
Lo claro era que ese domingo no se quedaba a dormir con el.  Lo había decidido temprano. Hoy sería una visita.
Unas horas antes, frente te al espejo, mientras se quitaba el escaso maquillaje que se habia puesto por inercia, lo había decidido. A  el no le gustaba el maquillaje. A el no le gustaba su pelo largo, ni esa falda, ni las panties de colores. Hoy sería una visita sin maquillaje, ni panties de colores.  Y si, (mierda!) se había cortado el pelo.
 Hoy no habría mochila con ropa para mañana, ni “vemos otro capítulo?”, ni vino. Ni porro. No se meterían a la cama a las 2 am, después de haberse dormido antes de llegar al final del episodio. Su brazo no la rodearía por la espalda.  Se ahorraría varias cosas. El despertar y el levantarse a penas suena la alarma.
“Me voy a mi casa” – le dijo, y se sintió como el muñeco de un ventrílocuo. Su boca y su voz eran como las de otra. Y tuvo miedo.
 “Okeeei….? Por qué eso? .- preguntó el sorprendido a su manera.
 Y la habitación se cubrio de agua pesada, se transformóen pantano. Y ella no sabía nadar, eso que creció mirando el  por la ventana de la cocina. Su pregunta era una ola pesada  que la devolvía al punto de partida, empujándola otra vez al sofa feo, al tranvia que la habia llevado hasta allí, al espejo frente al cual se habia maquilado y desmaquillado. A la silla de la peluquería.
 -“Si. No quiero llegar tarde mañana. Además no traje mis cosas para la escuela”
El deseo de que el la convenciera de quedarse, era un globo desinflándose. La necesidad de equilibrarse no pasaba más por ahi.  
Empezó a tomar sus cosas. Como en cámara lenta.  Los dos osos de peluche, que habian dormido la siesta con ella, estaban encima de su bolso: “ un hombre de treinta y tantos que conserva los peluches  que le regaló su mama para navidad, no puede ser un mal hombre”.
Tomó la chaqueta, se la puso. Se colgó el bolso. Y no lo podia creer.
-“Te voy a dejar a la puerta”-  le rozó el la espalda con una mano.
-“Chao, que duermas bien” .- la besó suave. Ella lo besó el doble, colgandose al cuello y mirándole a los ojos, como como a un flotador de esos para niños, con fomrma de animal. El sonrió. Siempre sonreía en este punto. Sería que era capaz ver su cara de animal-salvavidas?
Bajar, salir de la casa, enfrentar la calle y su movimiento. Todo iba quedando atras. Un auto casi la atropella al cruzar la calle. La puteada del chofer y las lágrimas de rabia.
La parada del tranvía, la banca donde se sentaba,  el display con letras naranjas anunciando cuando viene el próximo tren,  la plaza de en frente, los árboles y la pileta que nunca tenía agua, todos la conocían. Y se preguntaban una vez mas, porque ella seguia viniendo aqui, si, al parecer, no le gustaba el paisaje.



miércoles, 2 de abril de 2014

TEATRO CALLEJERO

Las últimas dos semanas he estado fumando mucho. No manejo cifras, no se cuantos me fumo al día, pero sí que siento esa especie de continuidad, las ansias y la espera cómplice entre un cigarro y otro. 
Salí de la casa de la Caterina con el pucho en la mano. Ese, el para el camino hasta la estación del Ubahn. Ya sabía que no tenía encendedor. También sabía que tendría que pedir fuego a alguien en la calle. Generalmente no me gusta hacerlo: "hast du Feuer?" (tienes fuego?. Detener a alguien que, como la mayoría, parece andar tan en otro lado, no hace fácil la decisión de acercarse. Es como tener que atravesar un molesto visillo que se mueve con el viento, abriendo y cerrando un espacio, pero uno no logra dar con el segundo en que se permite pasar. Es un visillo colgado en el la ventana equivocada.  Por otro lado, la cantidad de encendedores que he perdido últimamente, es directamente proporcional al aumento de cigarros por día. Lamentablemente tampoco manejo cifras de encendedores perdidos. Pero de que he perdido hartos fuegos, hartos he perdido.
La Cate vive en la parte Oeste de Berlin, allí donde siempre hubo de todo y las niñas conocieron las Barbies antes de 1989. Mi amiga vive en una casa amarilla. En la vereda afuera de la casa vecina, había dos hombres conversando parados junto a la ventana abierta de una de las habitaciones. Una mujer  gorda y muy blanca, con sudadera negra, se asomaba apoyando los codos en el borde de madera un poco carcomida que sostenia la ventana.  El pelo teñido bien negro, amarrado en un moño alto y los ojos delineados también negros con influencia oriental, la ayudaban a levantar el rostro de más de cincuenta. Quien sabe en realidad. Ese tipo de personas que parecen más viejas de lo que son, pero que quizás son mas jóvenes y lo que realmente parecen es más viejas. En Berlin las apariencias me han engañado más que en ningún otro lugar del mundo.



Uno de los hombres fumaba y tomaba cerveza. Ya saben ustedes, acá se puede tomar en la calle, en el transporte público y en los parques. En su caso, estoy segura que era más joven de lo que parecía: tenía corte chocopanda, chasquilla de pelos parados y grandes anillos en los dedos.

Cuando le pedí fuego y me dijo: “ Eres alemana o no?"
“No”- le contesté descubriendo recién, que también unas cuantas cadenas le colgaban del cuello, arrugándole el pellejo y tirándolo un poco para abajo.
-“Quieres ser actriz?”- me preguntó con una energía que casi lo hizo saltar. 
Miré al otro hombre. Era moreno, alto y parecía muy calmado. Miré a la mujer. Ella me sonrió cómplice.
-"No es broma, no es borma!"- Me dijo mientras yo sostenía aún el cigarro apagado entre los dedos, como una niña que juega a fumar. -"Es en serio, pero bien en serio ...es en teatro".-
No puedo negar que esta situación me incomodaba, pero no lograba escapar de ella. Más bien no quería escapar. Estaba ahí yo parada, con la voluntad y el deseo un poco desconectados. 
-"Tenemos una pequeña comapañía de teatro- continuó mi descubridor-  Aquí,  mi señora tambien es actriz, ella hace los....eehhmm- dijo algo en un alemán que no llegué a entender, apuntando a su mujer, que en el momento cambió los brazos de posición, dejándo ver las marcas de la madera en sus carnes blancas. Ella me sonreía, nada más.
"-Hola"- le dije con levantada de mano y todo. Me mostró sus ojos, los abrió cansados. El maquillaje negro estaba más corrido que cuando la miré por primera vez. Logré ver un poco al interior de la habitación oscura. Había un perchero del que colgaba algo parecido a una estola de tul negro. Vi plumas también. Pero de eso no estoy segura. Me imaginé que la habitación se convertía, a medida que uno se internaba en ella, en un oscuro cabaret. Me vi entrando, vistiendome con el tul, las plumas y unas medias rotas y sucias que de la gordita que estaban botadas en el suelo. La mujer me maquillaba rápidamente. Así, hasta llegar al final del pasillo y subir al oscuro escenario, de tablas llenas de hoyos de tanto hincar los tacones.
-"Ya, pero en serio. Quieres?"- me trajo el flaco de vuelta a la realidad.
Yo sonreía nerviosa. Movía la cabeza sin poder darles un no rotundo, encender mi pucho e irme.  Al contrario: estaba ahí, en medio de tres desconocidos, que en lugar de darme fuego me ofrecían cumplir ese sueño que abandoné hace quince años. 
Mi claridad del momento se vio atravesada por una sombra. O por una luz de indefinido color, que entregaba calidez y claridad. El amarillo de un atardecer temprano en la primavera Berlinesa. Ese color tan esperado que hace mutar las almas en esta oscura cuidad.
Lo que pasó en ese segundo fue que consideré la oferta. Esa era la luz, la molesta claridad del sol que no te pega directo en la cara. Eso era lo que estaba escrito en el cartel de neón parpadeante que iluminaba este escenario callejero, del cual ya me sentía protagonista. Era el neón de un viejo club en mitad de un camino en el que uno anda medio perdido y que a pesar del tiempo,  sigue pestañeando a  punta de  cortos circuitos.
-"No, no"- abrí por fin la boca, asustada y queriendo salir rápidamente de mi secreta fantasía. Que no se vayan a dar cuenta. Mi sonrisa me delatará. Me estan descubriendo. Quiero fumar. Atrapada y confundida, ya saben: como en ese caos que se arma a veces cuando la intuición y la realidad palpable se dan la mano. 
-"Solo quiero fuego, nada más"- le repetí mostrándole el cigarro que se había humedecido un poco con la transpiración de mis manos. Mejor ni saber a que nivel subía el rojo en mi cara.
- "Ya, dale fuego. No quiere nada más "- le ordenó la mujer con una suave autoridad, mirándome a la vez como si ella también hubiera visto el neón.
Sin dejar su entusiasmo, el tipo me acercó un encendedor rojo, enendiendo directamente el cigarro. Raro, acá nadie te enciende un cigarro. Te pasan el encendedor y esperan impacientes. Una situación incómoda para personas que nos ponemos lerdos ante la mirada expectante del otro tan cercano.
Las gracias. El chao. El otro tipo que nunca habló. El ultimo intento de mi manager. Y emprender mi camino a la estación. A estas alturas ya tenía claro quien era quien en el trío.

Mientras me alejaba aspirando con ganas, me rebotó en la espalda un: -"Bueno, si quieres no más!"- En realidad eso es lo que me imaginé, porque fue una frase en que no pude traducir. Bien pudo haber sido -Deja tu miedo!"-. Algunas veces me alegro de no entender este idioma totalmente. 
El camino se me hizo mucho más corto que lo acostumbrado, y todavía me quedaba la mitad del pucho al llegar a la estación del Ubahn. Dos guardias conversaban justo donde empieza la escalera, apoyados en el letrero de "no fumar". Me detuve ahí. Estaba cansada, quería bajar la escalera y estar automáticamente en mi casa, sin dejar mi cigarro. Los guardias me miraron. Lo apagué y bajé corriendo. En Berlin no siempre está todo permitido. 

miércoles, 24 de octubre de 2012

TORI AMOS EN LA PHILHARMONIE DE BERLIN

A Tori Amos la empecé a seguir por allá en el 97 y sacando temas de los discos Little Earthquakes, Boys for Pele, Under the Pink, From The Choirgirl Hotel y The Beekeeper, armé mi repertorio favorito. En el 2007 salió un disco doble, que me regalaron pirateado, el que nunca logré digerir totalmente. Siempre quise más, siempre quise verla en mi país, pero me bastaba con que tenía.
Y como dicen que mientras más se busca menos se encuentra y que el que espera desespera, tres meses atrás un Berlin todavía acalorado me sorprendió con una de sus simplezas que me encantan:


Esta vez no solo la forma, sino el contendio del A4 como recién salido de la impresora, me emocionó tanto, que hubiera sido capaz de abrazar al vendedor de Currywurst más cercano.
Llegó el 15 de octubre. El tiempo, por su puesto, no tardó en pasar como lo imaginaba. Igual que el verano Berlinés. Con las manos y las orejas heladas, la provinciana esperanza de que cantara canciones conocidas y que, por favor, no se hubiera vuelto por dentro como se está viendo útlimamente por fuera. (cirugia fallida?) iba, finalmente, encontrarme con Tori Amos. La Tori, para los amigos.
Es comun que, cuando envejecen, algunos artistas bajen sus intensidades, en todo sentido. Sabemos que la maquina cambia, se cansa, e inpajaritablemente, envejece. Pero hay quienes se pasan un poco de la raya. Bueno, tambien hay entender que no todos son los Rolling Stones. Ademas, cuando empiezan con esta cosa de la orquesta aocmpaniando, empieza a oler un poco a gladiolo. Pero yo iba esperanzada, emocionada a mi primer recital en Berlin. 
El lugar era la Philharmonie, una teatro para hacer sonar música clásica, encubierto en una caparazón amarilla, que lo hace parecer un gimnasio comunitario de algun barrio popular de América Latina. Un armazón de formas semi triangulares como de lata. Tantas veces pasé por ahi sin saber que era. Como tantos otros lugares. "Que lugar más feo" pensé al cruzar la ultima luz verde, sin ampelman.
Casi en la puerta de entrada, apago mi cigarro y una chica con violin al hombro se me cruza para meterse por una entrada lateral. “Nos vemos luego, hoy toco con Tori Amos”, imaginé se había despedido de sus amigos un rato atrás.
No puedo negar la emoción y espectación casi infantiles que sentí al entrar en ese espacio grande, blanco y exquisitamente iluminado, que ya no parecía otra cosa más que un real teatro.
Tantas mujeres como hombres, tantos canosos como los aun sin canas se encaminaban a sus ubicaciones, mientras otros entraban en calor en alguno de los bares. 
Después de unas cuantas escaleras casi hacia lo más alto, encontré mi lugar. Desde ahí tenía una vista panorámica; ahora la forma exterior del recinto cobraba más sentido. Lámparas blancas colgando sobre el escenario, graderias escalinadas y sostenidas por las formas triangulares, contenian un ambiente cálido, en gran parte hecho de madera, que me gritaba "ajá! con que era fea??"
Mientras Los Beatles teloneaban desde el más allá, algunos leían un libro y yo practicaba mi hobby concertístico de buscar caras conocidas. Al mismo pensaba, quizá desde mis prejuicios, que los gritos, coreos o pedidos de bis, no ocurrirían esta noche. Ni hablar del lanzamiento de objetos al escenario.
7:57, los musicos ya estan instalados. Se apagan las luces, se vuelven a encender. La Metropole Orquestra de pie se deja aplaudir fuerte.
Otra vez oscuridad y los privilegiados mas cercanos al escenario, empiezan a romper mis prejuicios gritando y poniendose de pie. Ahí viene la Tori, la viernon antes que yo y que muchos. El público comienza a levantarse poco a poco, como en una ola conforme en cuanto la ven, hasta que todos aplaudimos y gritamos de pie frente a su pequena figura enfundada en seda: una pierna naranja y la otra beige. Cabeza en llamas sueltas y lentes de marco negro tipo intelectual. La Tori saluda como el papa, hincada casi besando el suelo.
Sentada entre un teclado y un piano, con las piernas abiertas mirando hacia el de cola, con esa actitud que en otro siglo no estaba permitida ni a caballo.
Con los acordes profundos, los golpes fuertes y abismantes de la orquesta, comienza el despliegue de fuerza femenina que viene de la fragilidad, de heridas antiguas y de esa dulzura que no necesita mantener las piernas cruzadas para seguir siendo dulce.
“I am fucked up” se le sale cuando, al parecer, teclea mal en el comienzo de “Silent all these years”, Despues vendrían mis esperadas conocidas “Baker Baker”, “Cloud on my mouth”, “Winter”, "Hey Jupiter”. Es que claro, “Golden Dust”, no es un álbum de temas nuevos, sino que una recopilacion elegida para celebrar 20 sus años de carrera.
Después de media hora de "intermedio" (como diría mi abuela), que en mi ignorancia pensé era el fin y casi grito “no nos vamos ni ca..” , Tori vuelve a tomar el púlpito, esta vez con falda larga- -purpura-tornasol, y continúa con el que creo ha sido el recital que me ha tirado mas hacia mis adentros. “Mr Zebra”, “Leather”, “Jackie´s Strength”, y una versión de “Precious Things” que con la orquesta llevaron a un nivel de tal intensidad, haciendo a una que otra chiquilla querer hacer pasar lágrimas por resfriado. 
En el bis, una corta y empalagosa versión de “So long. Farewell” la típica triste de la Novicia Rebelde; “siempre soñé cantar esta canción en un lugar como este..si quieren pueden acompañarme en aleman..jijiji“ dijo con un tono irónicamente infantil. 


Dos horas de concierto, casi mil manos picando después de más de un minuto de ovación de pie y una rosa roja volando hacia el escenario(sí, hubo lanzamiento de objetos) para una voz que no necesita cirugías: potente, sutíl pero aún dramática, aunque contenida por esa atmósfera de solemnidad que crea el sonido clásico. Sin desgarros ni provocaciones al piano, esta vez la escena se dibujó más hacia el interior, quizá mas profundo y espacioso debido al surco del tiempo.
Ojalá este haya sido solo un ejercicio clásico, como un vals de bodas de plata, y a lo mejor, en un par de años, otra vez sin buscarlo, me la vuelva a encontrar en su mas puro formato desgarrador.

miércoles, 27 de junio de 2012

ALGO ASI

Y, mirándome desde fuera, veo mi cuerpo fragmentado en trozos, como haces de luz cortados como son cortados los espejos para hacer alguna obra de lo que a veces llaman arte, vuelve a ponerse en su lugar. Las partes se reincorporan, se unen para darse sentido unas a otras, nuevamente. Desde mi tribuna,  las veo como me invitan a pasar, a ser parte una vez más de la realidad.
Las vacaciones se terminaron y no volé de vuelta.  Me quedé sin sentir muy bien el peso de las decisiones. Para eso estaba el tiempo, y el tiempo ya hizo su parte, terminando de hacerla justo ahora, cuando me encuentro aquí,  viajando dentro de un viaje que se quedo sin retorno y no sabe aun muy bien cual es su destino.



Estoy en el metro, voy a clases, porque estoy en la escuela. Voy al colegio todos los días para aprender el idioma que se habla en este país. Dimensiono otra vez: “voy al colegio en un tren lleno de gente blanca y seria, a aprender uno de los idiomas más difíciles de la occidentalidad”. Y me sorprendo. La consciencia del que sabe perfectamente lo que está haciendo, asusta un poco.
El vagón del metro, es amarillo y tiene la forma de un contenedor. Vamos directo a meternos  en un barco,  para seguir el viaje hacia donde nadie sabe. Mis compañeros son blancos, en sus caras se transparenta un frio antiguo, una seriedad cerrada.  Yo medio me sonrío, porque es mejor, porque estoy aterrizando otra vez en mi.
Me pregunto si alguien podrá darse cuenta de  todo lo que estoy sintiendo. ¿Podrá alguien presenciarme como yo me estoy presenciando?  
Mejor que no. Si miran hacia mi, los trozos de espejo, vidrio y luz, podrían hacer que vieran sus propias caras, y creo que no les gustarían mucho. La mañana Berlinesa no tiene un rostro muy amigable. Veremos que pasa el resto del día, de los días. 

martes, 29 de mayo de 2012

PARTIR


Aunque fuma y le gusta hacerlo, ella está convencida de que fumar es malo. Muchas veces, mientras aspira su cigarrillo, piensa en lo tonto que es hacer algo que de todas maneras le daña el cuerpo y el bolsillo. Cada oportunidad que tiene de no fumar, es una especie de pequeña salvación involuntaria y cómoda. Pero a ella le gusta fumar. No sabe por qué, y ahí está el asunto: si supiera no tendría estas reflexiones, que luego de un rato considera innecesarias, porque no va a dejar de fumar.
Está en el aeropuerto, debe esperar diez minutos hasta que comience el embarque del vuelo que la llevará desde Santiago de Chile a Madrid de España. Se va de vacaciones y ahora mismo siente ganas de fumar. Pero no puede hacerlo. Este aeropuerto no tiene un área de fumadores. Ella piensa que está muy bien, que es mejor para la sociedad entera que existan espacio/tiempos en los que a los fumadores les sea imposible ejercer su vicio. Pero quiere fumar. Vuelve a pensar lo mismo que al comienzo, pero no se le quitan las ganas de fumar. Descansa.
Esta sentada descansando de lo que fue la despedida. “Siempre te voy a recordar” – le dijo su madre abrazándola, antes que se metiera en policía internacional. A ella no le gustó nada el dramatismo en la voz de su mamá. Le dio rabia y se sintió culpable de que no le gustara y de que le diera tanta rabia, de que la incomodara tanto pero tanto.
“Ayyy, no digas eso!!.. tan.. tan.. de-fi-ni-ti-vo” - le contestó con la boca pegada a su hombro, queriendo decirle que la cortara con el sufrimiento, sintiéndose un poco mala hija, muy incómoda y medio atorada con pelusas de lanilla roja de la chaqueta de su mamá.
Era raro sentirla tan cerca, era raro querer tener ahora, algo que fue desperdiciado en tiempos en que era repartido a manos llenas.
Entonces la atacó ese maldito acto reflejo, que a pesar de años de terapia aun no logra erradicar: tenía que reparar el impacto que sus ultimas palabras pudieron causar. Ya sea el tono, el gesto; sentía que debía casi disculparse por lo que sentía:
“Todavía no se sabe”- le dijo con un sonsonete medio cantado y dulce. Luego abrazó a su padre y escuchó sus recomendaciones sobre como cuidar el dinero.
Ellos se separaron hace más de veinticinco años, pero aun siguen casados legalmente. Ella no tiene recuerdos de los dos juntos, como pareja. Siempre le ha parecido extraño estar con ambos al mismo tiempo. No le gusta, se siente extraña, como en medio del gran abismo que separa a ese hombre y a esa mujer.
Y no es que sus padres no se hablen o tengan una relación poco cortés. La razón es porque son dos seres humanos totalmente distintos uno del otro. Le llega a doler el tiempo en que pudieron amarse ( se amaron alguna vez?) y hacerla. Hacerla a ella. Me entienden?. Ella desconfía de todo eso, como si nunca hubiese pasado, como si fuese una historia a la cual no pertenece o que no está registrada en ninguna parte, ni de su cerebro ni de su cuerpo.
“Un registro que quedó atrapado en el abismo entre ellos. Un mundo del que ellos nunca han sido realmente parte..mi mundo”- pensó mientras esperaba sentada en la sala de embarque.
Los tacos altos y puntudos de una mujer se aparecieron en las baldosas brillantes en donde tenia clavada la mirada. Subió los ojos sin mover la cabeza, y los pantalones de la mujer parecían tan incómodos como los zapatos. No entendía por qué algunas personas, especialmente algunas mujeres, se vestían así para volar. Podría ser por varios motivos, pero siempre llegaba a la conclusión de que simplemente, mucha gente se sentía cómoda con lo que a ella le incomodaba.
Le gustaba pensar en el gran aparataje y en los ritos de aeropuerto: las despedidas con la familia entera casi batiendo banderitas y tomando fotos al que se va no más por 3 semanas de vacaciones (vergonzoso); la mujer de los tacos y el peinado de peluquería (ridículo); el llanto de las parejas separadas por un viaje (triste); los hombres de negocio solitarios y con maletas costosas (plata); los mochileros que no se han cambiado de ropa en semanas (vida); y así, tantos mas.
Ella siempre me decía que todos los viajes eran importantes, pero los viajes en avión y de largas distancias, parecen ser más importantes aun, quizás porque son la oportunidad que tiene el ser humano para hacer una de las cosas que no logra hacer si mismo (quizás nunca lo logre), algo para lo que no fue diseñado: volar.
Ya había asumido que no fumaria antes de subir al avión. Quería escribir unas líneas, eso si, antes, según me dijo. Algo así como iniciar su diario de viaje de forma metódica. Pero no lo hizo. Le costaba empezar lo que quería hacer. Le costaba continuar lo que quería terminar.
“Me siento tan agotada, como cansada de vivir. Entiendes?..¡No creas que quiero morirme!! Quiero vivir más que nunca, pero no como lo he hecho hasta ahora... Bah, leseras que hablo cuando estoy por subirme a un avion”.
Corté el teléfono y pensé que ella podía morir. Como todos, de hecho. Esa mañana, fue la última vez que oí su voz.



lunes, 8 de agosto de 2011

De vuelta en ¿casa?

De vuelta en ¿casa?

Ahora q me siento frente a las letras, para servir al plato lo que se ha estado horneando en mi interior, siento que la actividad es terapéutica. Me refiero a la actividad, al actuar, ya sea escribir o cocinar… o cualquier ACT i vidad..Algo de acción, algo de vida.

Como ya han visto, si han leído mis últimos post, no sigo viajando, al menos por el mundo exterior. Volví a mi país, y mis viajes son, por ahora, solo a mi propio interior (como es usual) y no había escrito ya que la vuelta a la estructura del trabajo, parecieran no dejarme el tiempo que necesito para observar (me), silenciarme y escribir.

Pero sí que en mi vida siguen pasando cosas. Y con el afán de contarles en lo que he estado últimamente, es que me senté, hoy domingo de poca lluvia, segundo día en piyama ininterrumpido, (y digo ininterrumpido porque, por más que pases el fin de semana en casa, puede ser que en algún dichoso momento te saques (n) el piyama y te lo vuelvas a poner. Este no fue el caso).

Este relato se trataría sobre lo difícil que me ha sido encontrar un departamento para arredrar y vivir en el. Me senté a escribir algo casi como una declaración de rabia y frustración guiadas siempre por el imperativo del tiempo “han pasado….. meses, y no he podido encontrar un departamento que me acomode”… Y bueno, gracias a la actividad, vino la revelación, la cosa terapéutica que le atribuyo al “hacer”, como decía al comienzo. El simple movimiento de los dedos que en este caso me llevó a darme cuenta de que solo en mi cabeza existe el laaargo tiempo que llevo buscando, pero que en la realidad no es más que un mes y medio.

Llevo un mes y medio buscando un departamento de un dormitorio, con cocina normal y no americana, una pequeña terraza y, ojala, piso de madera o flotante (porque se le llamará así?. Un misterio mas por resolver). Y no lo he podido encontrar. No he podido encontrar mi nueva casa luego de un largo viaje por varios lugares del planeta.

En esta corta búsqueda, y que alivio me da escribir que ha sido corta, la ansiedad, el apuro, el deseo de volver a tener mi espacio propio, se han apoderado de mi en varios momentos. Es como si el paso de volver, no se ha completado aun. Por momentos se siente un vacio, un vacio bien de adentro, que en mi caso nunca se había relacionado con el lugar físico que estoy ocupando, o que deseo ocupar. Este vacío va mucho más allá.

Creo que es inevitable que las personas nos aferremos a cosas, que nos sirven como piso y como techo, como refugio, en el fondo, como un hogar. Miedos, posiciones en el trabajo, aprehensiones, relaciones, creencias y nuestros propios sueños. Uno se aferra a las ideas que tiene de la vida, y vive en ellas. Tan tranquilos, tan cómodos y cuando estas cosas se desvanecen, sientes que te quedas desprovisto, a veces como en la calle. O viviendo de allegada en casa de una buena amiga, como yo ahora.

Cuando has dejado una vida armada, en la cual tenias una casa, un gato, una alfombra blanca con rojo que le hacía juego a tu sofá y a la lámpara, un trabajo, amigos y sobre todo, un gran sueño, para ir detrás de otra vida, en otro continente, en la cual imaginabas que ese sueño se haría realidad, no es fácil aceptar que la realización de ese sueño no era como tú lo imaginabas. Al fin y al cabo uno apuesta y nadie te asegura el éxito o ganancia. Una de las gracias de la vida, por lo demás.

Decides volver, y ya no hay nada de lo material que antes tenías: ni el trabajo, ni la alfombra, ni el gato. Pero cuando te das cuenta que ya no está el sueño aquel (al menos por un rato) sientes ese gran vacío. Esa gran falta de refugio, de algo en donde te esperanzas, te amparas, te proyectas y pasas tus días presentes especulando, soñando. Cuando estas de vuelta, el presente esta aquí, por construirse todo otra vez. Tu vida está otra vez vacía y en tus manos. Qué bonito, suena a libertad. Es por eso que urge recomponerla, llenarla de cosas otra vez, y si tienes la fuerza necesaria como para no andar llorando en el metro, que mejor. Pero lo que más duele, es el sueño que has “quemado”. Te revelas un poco, al comienzo, pero a medida que pasan los días, aceptas más que ya paso. Que hiciste todo lo que querías y sentías que debías hacer, y ya. Y vislumbras que vendrán más sueños, claro que si, de otra forma estarías un tanto muerto.

En estos casi dos meses de búsqueda de un hogar, de querer encontrar el lugar ideal para vivir y estar cómoda ahí, he sentido que, más que eso, quiero encontrar de nuevo el lugar dentro de mi en el cual sentirme cómoda y feliz, un nuevo refugio y espacio para habitar, pero en mi interior, un nuevo sueño. Y me he dado cuenta que viví mucho de eso. Esperando que se realizara aquello que me iba a hacer sentir en medio de fuegos de artificio todo el tiempo: el sueño realizado. Y parte del aprendizaje es que eso ya no me funciona. Y esta más que bien!!! …. Porque de una vez y por todas, creo, estoy viviendo el presente de manera brutalmente hermosa. Oh!

Un mes y medio es poco para darte cuenta de algo tan importante como lo que acabo de escribir más arriba, al menos para mi. Y comparado con eso, un mes y medio es nada buscando un departamento para habitar. Creo que ahora que ya me di cuenta que mi mundo interior se está renovando, he aprendido nuevas e importantes lecciones gracias al ir y volver, y que pronto estaré lista para encontrar mi mejor refugio, sin desesperarme ni apurar. Hasta el pulento carpintero decía “como es adentro es afuera, como es arriba es abajo” Ustedes entienden.

Este tiempo y el proceso de la búsqueda del refugio material, tiene mucho que enseñarme y creo que es la última patita del viaje. Aprender la paciencia, el esperar por encontrar lo que realmente quieres, regodearte si es necesario, total techo y comida no me han faltado. No voy a tomar lo primero que se me cruce porque me sienta presionada o culpable por ser regodiona. Romper con lo que te han dicho que debes hacer y aceptar algo que no quieres, porque “es lo que hay”. Para eso ya sé que tengo agallas y eso solo te lo da la confianza en ti mismo y el dejar de lado el miedo. Más que mal, no cualquiera se va a vivir a África con un hombre que conoce hace una semana.

sábado, 4 de junio de 2011

EL SENTIMIENTO BIBLIOTECA (Pública de Providencia)

Los casi tres meses que estuve viviendo en Benalmádena, Málaga, quedé impresionada por la cultura bibliotecologística (o como se le llame) que había en el lugar.
La biblioteca era un lugar súper concurrido, silencioso como debe ser y siempre lleno de gente con sus laptops, libros, cuadernos y lápices, sentados ahí, en las amplias mesas comunes. Jóvenes y no tan jóvenes con sus botellas de agua y audífonos en las orejas, y coloraditos de lo concentrados y quizás también por la sensación de estar bien acogidos en este lugar de conocimiento, entretención e introspección.

Me imaginaba yo que estarían estudiando, ¿seria para la Universidad o para el colegio?, ¿serian autodidactas o solo locos obsesionados hermosamente con algún tema que movía sus días?

De vuelta en Santiago mis días no han sido muy productivos, solo internet, escribir un poco, fumar y caminar mucho, y algo de café con nuevos amigos. Así, me voy salvando de una especie de letargo desesperado en el que he caído, mientras espero el bendito día en que mi persona se instale en su nuevo lugar de trabajo.

Hoy es sábado, hace frio y son casi las dos de la tarde, tengo hambre, pero también quiero meterme a navegar por internet. Estoy aburrida, nada me motiva, así que el destino es estar en un ciber café muy poco rato, y luego la casa, comer algo y dormir toda la tarde.

Pero como mi diario intento de andar con los ojos abiertos mientras camino por la ciudad, a veces da muy buenos resultados, mientras caminaba por la vereda sur de Providencia, me topé de frente con ese edificio de ladrillo rojo que tiene un reloj de cobre en la pared: La Biblioteca Pública de Providencia, donde siempre hay jóvenes afuera, bicicletas estacionadas, y , aunque quizás lo único que te encuentras al salir es un taco de orugas del transantiago y una iglesia sin campanario, y no un parque con conejos sueltos y lagunas, la gente entra y sale, toman café y fuman afuera, igual que en Benalmádena.



Entré y un señor guardia me saludó súper cordial. Al voltear a la izquierda lo primero que me encuentro es con un acogedor y templado salón lleno de sillones, con un par de mesas comunes de estudio y una mesa de centro con revistas entre los sillones. También varios estantes de libros disponibles para consulta en sala. A parte de los objetos, lo más importante, era que había al menos diez personas: algunas leyendo el diario de hoy sentado en los sillones, otras con sus laptops, otras sentadas con libros y laptops muy estudiosos compartiendo mesas, todos cómodos y en silencio, o murmurando secretos de sus quehaceres y de lo que para mí son las bellas motivaciones que hacen a las personas visitar una biblioteca en lugar de quedarse con los recursos que pueden tener en casa y la web.
“¿Puedo conectarme a internet? – le pregunte al guarda libros, perdón, al guardia de seguridad. Un señor mayor que tenía cara de bonachón, lo más lejano a guardia de farmacia.

“Claro – me dijo- ahí hay un enchufe.” Mientras me indicaba detrás de un sillón.
Yo feliz me instalé y respiré la sensación de estar en este lugar, por primera vez, un frio pero soleado sábado de junio, a la hora de almuerzo. Y se sintió bien. Cómodo, seguro y tranquilo, perteneciendo a un pequeño reducto en medio del ruido y la nube negra, acompañada de personas con las que teníamos en común el decidir estar aquí.

Me volvía a preguntar en que estaba cada quien, admirada de quienes parecen estudiar tan concentradamente y con tantos recursos a la mano, incluso con su botellita de agua; sorprendida por la señora que pasa con su bolsita de Falabella a leer la revista caras. O el señor de barba blanca y larga que lee algo en otro idioma que no se que es. Recordé casi con la piel, que no me gustaba nada ir a la biblioteca en mis días de estudiante, porque me impacientaba hacer las tareas con gente al lado, o estudiar en las mismas condiciones. Prefería pedir y llevar a la casa. Aún no descubría el "sentimiento biblioteca".

Y hoy me encuentro aquí sentada sin ningún otro objetivo que conectarme a internet, a revisar mi correo (que de seguro no tiene muchas novedades, aunque me equivocaba), conversar con una que otra persona por chat y decir una que otra cosa en twitter… ah, y también mirar la vida de los otros en Facebook.
Entonces pienso que un sábado a media tarde también hay vida fuera de las camas de los trasnochados, que hay un punto de internet gratis en pleno Providencia y que conectarte desde acá hace que te den ganas de estudiar, de leer, de escribir (como a mí) y no solo de quedarme sapeando las fotos de personas que a penitas conozco.
Lo mejor de la Biblioteca es que atiende de lunes a viernes de 09:00 a 23:45, y sábado, domingo y festivos de 10:00 a 19:45. Ah, y además, huele a café.

jueves, 2 de junio de 2011

NO ME GUSTA!

No me gusta cuando los taxis llevan encendido el cartelito de LIBRE y no están libres.



No me gusta mirara a personas que están cerca mío (metro, micro, parques, paraderos, etc.) abriendo sus billeteras.

No me gusta que cuando voy a sentarme en un asiento vacio del metro aparezca una Señora de la nada y lo ocupe, como si no se diera ni cuenta. En la situación contraria yo soy igual y tampoco me gusto




No me gusta la gente que pasea a su perro y te pone mala cara si quieres “saludarlo y tocarlo” (se entiende el perro). De todas formas es bueno pedir permiso para acariciar a la mascota que andan paseando

No me gustan los ratones, ni las serpientes ni las cucarachas.

No me gustan las calzas que imitan a los jeans hasta como si tuvieran cierre falso

No me gusta el Tavelli del Drugstore

No me gusta cuando quiero moverme de un lugar a otro y no puedo porque dependo del transporte de otra persona. Me angustia.

No me gusta no tener plata para andar en taxi

No me gusta la gente senior que se besuquea con lengua expuesta en el metro

No me gusta que me miren raro cuando en la calle me dan ganas de sacarle una foto a cualquier cosa

No me gustan los vendedores o dependientes, o cualquiera se desquite atendiéndome mal en una tienda, porque su pega lo tiene chato.

No me gusta la estación del metro Franklin

No me gusta la tienda Johnson´s, ni Lui Vuitton, no Tous, esa del osito.

No me gusta que la gente se vista entera de blanco

No me gusta que las niñitas vayan maquilladas de ojos al colegio

No me gustan las uñas largas y puntiagudas en mujeres (menos en hombre la del dedo chico en esta condición)

No me gusta NADA las uñas acrílicas súper cuadradas con la manicura francesa a la mitad No me gusta NADA esto.




No me gusta que los adultos usen colonia de guagua

No me gusta que esa voz grabada en el metro diga TODAS las estaciones

No me gusta la alfarería ni nada por el estilo.

No me gusta estar en grupos de gente muy numerosas y que llegue un momento donde haya que hacer dinámicas

No me gusta ira al ginecólogo

No me gusta la bata que te hace ponerte el ginecólogo


No me gusta quedar en la bata del ginecólogo y solo con zapatos y nada más.

No me gustan los eufemismos

No me gustan los sopapos

No me gusta que la gente se llame cariñosamente de gordito o monito

No me gustan los alimentos ni bebidas light. Ni esas cosas para el transito lento.

No me gusta el vaticano

martes, 24 de mayo de 2011

MADRE TE DESEO, HIJO TE RECHAZO...AMBOS LO SENTIMOS


La vida me ha enseñado, que todo lo que pasó a mí alrededor, y por consecuencia en ni interior, desde que nací, se fue quedando grabado a fuego en mi cuerpo y en mi mente.

Mientras crecía, mi inquieta personalidad, y como el hámster que suelo tener dando vueltas y vueltas dentro de mi cabeza, no llegaba a ninguna parte, decidí investigar como liberarlo, como hacerlo mi amigo, o también un coadyuvante de mis propias experiencias que se veían empañadas en mi interactuar, ya fuera verbal, social y sobre todo afectivo, de vinculación con la vida y los otros (sobre todo con mi familia).
He pasado varios años en terapia, debido a mis ganas de encontrar alguien que me sostuviera una linterna, para ayudarme a explorar oscuros lugares que aparentemente yo sola, no podía.

En este hurguetear, descubierto que los sucesos del pasado, tienen gran responsabilidad y valor, en lo que actualmente nos acontece. Aunque no sea visible y aunque el pasado, como dicen por ahí pisado esta. Pero no, el pasado de nuestro desarrollo humano está aquí. Es como dicen los historiadores (y a veces los políticos sin realmente tomarle el peso) “no podemos saber cómo somos si no la conocemos. “O “un país que no conoce su pasado no puede construir su presente” o cosas por el estilo.
En estas búsquedas me he encontrado, no por coincidencia, con grandes y valiosas mujeres; Carmen Bravo, Pamela Verdugo, Amalia Rojas y ahora último y de manera virtual con la Leslie Power.

La última, es la que más me inspira ahora a publicar estas ideas. Ella está abriendo un camino ancho y no fácilmente recorrible para quien quiera embarcarse en su bastedad, porque nos plantea mejorar nuestra sociedad desde el origen, desde el útero, desde el nacimiento. Sí, desde esta parte que genera guarda y cocina la vida, y que solo se recuerda en las conversaciones con tus amigas cuando te duele, o cuando te quieres comparar con los hombres “ellos tienen huevos, yo tengo útero.” Ahí ya partimos ms o menos mal, porque no hay comparación.

En estos días, donde el tema del postnatal de 6 meses, sin letra chica, igualitario para todas las mujeres, estoy leyendo un libro de una española que la lleva en estas lides: la revolucionaria medico e investigadora Catalana, Casilda Rodrigañes, que se llama “La Represión del deseo materno y la génesis el estado de sumisión inconsciente”... Y aunque aun no termino el libro, que me lo recomendó Leslie, y tampoco lo voy a comentar ahora totalmente, se me abren antiguas huellas que mi madre y mi padre, de seguro, por ignorancia dejaron en mi.

Este es un artículo simple, en el cual quiero decir solamente lo que yo rescato de todo esto.

Alguien se podría escandalizar o pensar que me convertí en una feminista, en contra de la crianza en familia, o de la participación del hombre en el proceso. Quizás sea un poco así de drástico, porque yo antes no quería tener hijos, porque jamás fui tratada con el calor que una guagua o un niño necesita. Por casi 30 años (que lindo es decir que tengo más de 30) sentí que la impronta no estaba en mí. Y ahora quiero agradecer, a todas estas mujeres que antes nombré, por mostrarme que se que sí está, y que yo puedo leerla y REconocerla, discutirlas, e incorporarlas, sentirme hija de una tribu que quizás no me pario, pero que ha ido calentando poco a poco mi ser para que salga eso que a lo que todos tenemos derecho y que es el amor por nosotros mismos, la confianza y el amor a los demás…. y quizás, también...querer algún dia, tener un hijo y DESEARLO. Sin represión.


Las teorías del desarrollo y la plenitud sexual de la mujer varían en el tiempo y según las diferentes culturas, Nosotros las occidentales, partimos cargando por años con la negación del clítoris, y por lo tanto de una de las mayores fuentes del placer FEMENINO. Porque el falo centrismo, instalado no solo en las camas, sino que tambien en las mesas, las oficinas, las industrias, no quería que sintiéramos lo que por derecho de la madre naturaleza nos pertenecía. Me imagino como si les hubiera dado miedo no ser los únicos que nos podrían provocar placer, sabiendo que claro que si pueden, pero no lo sabían.

Bueno. También han querido hacer lo mismo con los deseos maternos de una madre con su hijo. La medicina invadiendo con sus cesáreas, la mujer creciendo laboralmente (con lo cual estoy de acuerdo) pero a un costo tan alto y feroz, que he escuchado a chicas que quieren esterilizarse a los 23 años porque un hijo les arruinaría toda la carrera y los viajes, y SU vida, Yo respeto. Pero nosotras damos vida, y no tenemos por qué negarlo para dar otra cosa así de una forma tan autoimpuesta, tan fría, tan “enojada” y castradora. Si no quieres tener hijos, está bien. Pero no te enojes con natura porque te dio la gracia de tenerlos, porque siento que en el fondo te estás enojando un poco contigo misma, tierra.


Como he aprendido de Leslie y de Casilda ahora en su libro de largo nombre, el culmine de la sexualidad de la mujer es parir, es la mayor realización del cuerpo femenino, y no tiene porqué ser con dolor como nos diría la biblia, Además algo que me llama mucho la atención es el desprendimiento inmediato que se le hace al niño del cuerpo materno, donde ojo, estuvo 9 meses, y ahora que es un individuo, hay que arrojarlo al mundo casi sin piedad.

No nos olvidemos que los estudios dicen que el apego es algo Bueno. Mi padre que es bastante esotérico dice que el apego no es tan bueno, ya que es una especie de enemigo de la libertad. Yo no estoy de acuerdo. El apego te une, te hace vinculo, y no significa si quieres emprender otro vuelo este sentir va a significar una cárcel. Eso es miedo. Papa, perdona pero ahora te digo que creo que le tienes miedo al apego y bueno, yo también un poco. El asunto es apegarse, y poder alzar nuestros vuelos llevando los vínculos en el interior, en nuestro cuerpo, en nuestra vida, con libertad, y por supuesto, volver cuando queramos.

¡Dejemos llorar a nuestras guaguas solas! claro, así no se apegan a nosotras, ven que tenemos tantas cosas que hacer, preocuparnos del tránsito lento, del gimnasio, de seguir siendo un objeto sexual deseable para nuestras parejas. Y ahí las criaturas comenzamos a sentirnos solas, con miedos, los cuales luego se pueden transformar en fantasmas reales, primero en nuestros cerebros en construcción y luego en nuestras realidades, y ahí viene algo peor: no nos creen y nos queda la escoba interna en nuestra identidad y la forma en que nos relacionamos con el mundo ¿“confió o no confió” “amo o no amo”? Que susto vivir. Eso lo he experimentado en carne propia., e invierto recursos, tiempo y esfuerzo en superarlo

Repito antes no quería hijos, me negaba, tenia rabia: "'¿y para que tanto parir?, hay que controlar la población mundial, ¿cómo siguen reproduciéndose tan indiscriminadamente?, las embarazadas creen tener un poder especial, me cargan, me cohíben". Esa rabia estaba ahí por falta de calor maternal, y eso es lo que estamos peleando ahora.

Quizá nunca tenga hijos, pero al menos ya siento las mujeres
embarazadas SI son poderosas, si tienen el poder de si quieren lamen, amamántenlo hasta los 2 años, no los obliguen a hacer pipi antes del año, (todo para no quedar mal en la conversa del próximo bautizo de la guagua de la amiga “ya dejo los pañales?”” ayy galla el mío si, al año 2 ya hacia solo”) no los dejen berrinchar solos hasta que se duerman, abrácense desnudos, acaríciense, bésense. Las mujeres sabemos cómo hacerlo, y las criaturas también, no hay que tener miedo de pasar las barreras sociales de la sexualidad, porque al fin y al cabo, aunque vivimos en una sociedad con reglas y convenciones para la convivencia, hay cosas que no se nos pueden quitar, y que si alguna vez se nos reprimieron, debemos desenterrar; como el placer de crear vida y vida buena.

Yo confío

viernes, 20 de mayo de 2011

TEMPESTAD EN EL GAM

Desde que llegué a Santiago, no me había animado a venir al GAM (qué ganas de escribirlo con las letras del logo que son tan buenas). Este lugar, acoge el renacimiento del espacio en donde en algún momento se tomaron las peores decisiones para nuestro país.

Justo hoy, jueves 19 de mayo, el día mas frio desde que llegue a Chile, y ni tan abrigada, decidí dejar de forzar la siesta que no se da fácil para quienes llevan casi un año sin mucha actividad, me puse unos tacos y salí a la calle.

Esta gigante construcción conformada por varios materiales, principalmente madera y algunos metales que le “lloran” (es como decía mi abuelita a lo que le combina, ya?), me hizo sentir altiro cómoda y acogida al entrar.

Bajé a la Sala de Artes Visuales por una monumental escalera de madera, casi caracol, pisando el rico parquet, y casi sacándome la miechica con mis tacos, a punto de salvar mi vida afirmándome de una de las personas que estaban por presenciar la expo guiada “El escenario de la Ilusión: sonido, luz e ingeniería en el teatro barroco”

En la sala que es bastante grande, había una serie de maquinarias, de madera, conocidas como “ingenios”, hechas a mano con una inigualable precisión y además daban ganas de ponerse a jugar con ellas, aunque no se sabía para que servían hasta que los guías empezaron a hablar. Y el público a sumergirse más en este galpón ligeramente iluminado y muy muy café.



En el teatro barroco del siglo XVI, especialmente en España, la idea era recrear una fiesta de las sensaciones, la experiencia total de lo que la obra quería representar y hacer realidad. Así como ahora, igual, pero más, porque como no disponían de tecnologías tan rápidas y “menos humanas”, lo hacían en forma artesanal: con sonidos, luces y efectos reales creados con elementos de la naturaleza directa de las cosas. Esto me hace recordad que una vez hicimos la casa de Bernarda Alba en el colegio (yo fui Adela, a la que Pepe Romano llevaba a los juncos de la orilla, ojo), y para darle más realismo a la casa, pusimos una cocina y lentejas con chorizo a cocinar.

La cosa es que estos españoles Barrocos usaban grandes maquinas generalmente de madera y metal (como el GAM) para reproducir los sonidos de la natura en la manera más realista posible. Así, estos elementos formaban parte viviente del cuerpo del espectáculo, provocando los sonidos de la lluvia, tormentas, truenos, relámpagos, el mar, terremotos, caballos galopantes, o lo que podría ser un incendio.



En el GAM expo-guiado, explicadísimo, interactivo, al final de que cada pieza era debidamente presentada y nosotros podíamos manipularlas, los espectadores armamos entre todos una escena original utilizando estos elementos, una tormenta en alta mar: con olas de utilería, ruido, de trueno, relámpagos y lluvia. Y ya que se logra integrar a todos con ese manoseados conceptos llamados arte y cultura, la tempestad si se arma y funciona muy bien, en este punto de encuentro, , entre Plaza de Armas y plaza Italia.

jueves, 19 de mayo de 2011

VOLVER

Cuando pensamos en viajar inmediatamente se nos viene a la cabeza un avión, una carretera, un auto veloz, incluso una micro que nos lleve a lugares cercanos de nuestra ciudad que aún no hemos visto; pensamos en movernos del lugar en el que estamos frecuentemente, el espacio conocido. Es la idea del movimiento, del estar en y ver otros lugares que solo hemos mirado en revistas, libros (aunque sea los del colegio y que se nos quedaron grabados por ahí) o en las promos de las multitiendas que nos invitan a endeudarnos para ir al Caribe. También nos gustaría conocer a las personas que están estacionadas allí, quizás con los mismos deseos de movimiento que nos llevaron a encontrarnos con ellos en sus propios espacios.

Yo tuve la maravillosa posibilidad de satisfacer mis ganas de moverme de mi país, y más encima acompañada y acompañando, a mi pareja. Y como ya les he contado en los post anteriores, conocí muchos lugares, personas y experimenté la extraordinaria sensación de estar muy lejos y en escenarios y escenas totalmente distintas a las que estaba acostumbrada.

Nigeria y los Nigerianos, India y los indios, España y los españoles, Italia y los italianos, despertaron en mi (más que dejar) una huella interna, que me imagino ya estaban ahí marcada, porque todos tenemos un fondo para casos de viaje, como una previa preparación ya que como seres humanos pertenecemos al mundo y lo llevamos dentro de nosotros.

Ahora he regresado, ya no acompañada de otra persona, pero sí con mi maleta más vacía y mi interior más lleno. He vuelto a Santiago, a la cuidad que más me ha gustado de todo lo que he vivido.




Y vengo a continuar el viaje, el viaje más importante que un ser humano puede ser, que es el de permanecer con uno mismo, verse y recorrerse, encontrar nuestros lugares que aun no conocemos, y re-conocerlos, saber que son nuestros y aceptarlos, darse cuenta que nuestro camino está un poco ya dentro de nosotros mismos, y que tenemos otra vez la oportunidad de cambiar.

Si ustedes pensaban que este era un blog de viajes, bueno, pueden seguir pensándolo, porque voy a seguir hablando de lo que me sorprende de mí, de la gente que está a mi alrededor, de cómo se cruzan, se reflejan o se juntan paralelamente nuestros caminos.

Por qué no salir a caminar y maravillarse con las calles tan lindas que tiene nuestra ciudad, y las otras ciudades también, porque Santiago no es Chile y porque Chile es Maravilloso, y es el país en el que me tocó nacer, y eso no es una casualidad.

sábado, 5 de febrero de 2011

¿Y dónde andaba la Dani?

Es un miércoles de enero, camino por una costanera de esas adornadas por palmeras, tipo Miami. Los números verdes del  termómetro-reloj-digital junto al semáforo,  se alternan entre 19:11 y 21°. El cielo está crepusculado, de ese color que tanto me gusta entre rojo, naranjo y azul casi violeta. Hacia el este, mientras más cerca de los pequeños montes, ya está casi negro anochecido.  Por la calle pasan pocos autos, muchos de ellos traen al conductor por la derecha. También pasan junto a mí, personas trotando y muchas parejas de cabeza blanca caminando de la mano, en mangas cortas;  otros paseando a sus perros con correa. Extraño a los perros libres y vagabundos.

La vereda de enfrente esta enfilada por edificios muy altos, con letreros fluorescentes en el techo con nombres como “Aloha”. Edificios grandes, llenos de departamentos residenciales como panales de abeja, pero donde la gente esta cómoda y no apretada como en las viviendas sociales de mi país. Son condominios de playa, para veraneo, frente al mar y con piscinas incrustadas en sus selvitas privadas. Entre los edificios se distinguen bares de nombres Ingleses e Irlandeses, con sus pizarras promocionando “drinks” y “fish & chips”,  y con más que menos personas sentadas en las mesitas que dan a la calle. Por mi lado los bares y chiringuitos están cerrados, muertos, oliendo a nostalgia. Porque estoy en Europa y enero, en Europa es invierno.  Espero que alguno de los que me lee se esté preguntando dónde estoy. Eso sería bueno, porque ese lector sorprendido, no me conoce, es un nuevo lector. Ya que mis habituales  saben que desde principio de diciembre el viaje me trajo desde Italia hasta un pueblito andaluz llamado “Arroyo de la Miel”,  en  Benalmádena, el cual es parte, a su vez, de la Costa del Sol , en Málaga.
Y para continuar la genealogía, digo que estoy en Andalucía, Sur de España, el que se dice uno de los sectores menos prósperos de la península, porque las lucas están en Barcelona, donde se habla más catalán que español y quieren ser una región independiente, “en plan” otro país.  Por Barcelona  pase antes de venir acá y alcancé a ver algo de sus calles, la Sagrada Familia por fuera (porque en el camino me había gastado los 10 euros de la entrada en una chaqueta de inspector gadget en los super saldos de MNG),  la Rambla (y no la Rampla como yo pensaba) , la playa donde Shakira patinó como “loca loca loca loca” y también anduve en el rico tren que te lleva hacia las localidades montañesas, en donde visite a mi padre, y  celebramos su cumpleaños al calor de la chimena 2 dias seguidos, en Seva.
Pero seguimos hacia el  Sur, para desembarcar en Málaga, la cuidad donde nacieron Picasso, David Bisbal y Antonio Banderas , y donde actualmente el viejo rico Pellegrini dirige al equipo de futbol.  Es la capital de la provincia de su mismo nombre y a las orillas del Mediterráneo que la baña, se extiende la famosa Costa del Sol. Si se avanza hacia el sur se encuentran (entre otros) los pueblos de Torremolinos, Benalmadena, Fuengirola y Marbella. todos con sus respectivas playas.  Para mi, Málaga es como lo que resultaría de mezclar el “plan” de Valparaíso y toda Viña del Mar.

En esta parte de España, la influencia Árabe se ve y se respira en cada calle, en sus  construcciones blancas y de formas redondeadas, con mucha tendencia a la cúpula, el mosaico, los arcos y los azulejos. La gente habla cantadito, como casi en todos los sures de los países.
Benalmádena, que es donde nos quedamos por dos meses,  está   quince minutos al sur de Málaga. En este pueblo de calles angostas que suben desde la playa hacia pequeñas montañas cercanas, he empezado a creer que sí es posible llegar a viejito  con tu pareja (o con pareja) y salir a caminar de la mano a la orilla del mar, o por las calles con bastoncitos de trekking. La cantidad de jubilados Ingleses, Irlandeses y Alemanes, que se han avecindado acá en busca del buen clima que no tuvieron en su vida, es grande y los ves pasando a tu lado recordándote que la vejez no es siempre sinónimo de penurias y enfermedad.
A parte de hoteles y playa con chiringuitos, hay harto comercio, muchas  tiendas, sobre todo de chinos, done venden desde calcetines hasta dados para juegos sexuales (de esos con distintas posturas en cada cara). También hay muchos bares, con mesitas afuera donde la gente empieza a empinar el codo a eso de las 11 am. El aperitivo en España es algo que no se perdona, son re -buenos para tomar y qué decir para fumar, demasiado para mi gusto.  Lo bueno es que desde el 2 de enero de este año, esta prohibido fumar en el interior de cualquier lugar publico. Dicen que la venta de puchos a la fecha se ha reducido en un 35%.
En  Benalmádena hay una Biblioteca pública estupenda, siempre llena de estudiantes y personas que quizás solo pasan a leer el periódico o alguna revista. Un buen panorama es tomar un libro, sacarlo y bajar a la playa que está a unos cinco minutos caminando, no sin antes pasar (casi obligadamente) por el que es, para mí, el espacio más lindo de este pueblo: El parque de la Paloma. Un área verde de 200.000 metros cuadrados, con un lago artificial en el centro lleno de flamencos, patos y peces que se pueden ver porque el agua esta limpiecita. Hay varias clases de árboles,  un par de piletas y lo mejor de todo: conejos sueltos saltando a la orden del día, de todos los colores y tamaños. También sueltas andan las gallinas, gallinetas, pavos reales y por supuesto, las palomas, los que a mi personalmente no me interesan mucho..Pero los conejos.. aahh los conejos! Si  he pasado un buen par de horas tratando de tocar a alguno, poseída por esos  ataques de ternura y nervios que me provocan los animales que me gustan, corriendo incluso detrás de ellos. Solo he conseguido pasar mi mano levemente por la espalda de uno, y con mucho esfuerzo y paciencia. Mi amiga la ridícula Val, dijo que me iban a cortar la cabeza, como en Alicia en el País de las Maravillas…. quizás sea esta la explicación de unas grandes cabezas huecas que hay en el suelo, como esculpidas en bronce.  



En esta época del año, no hay mucha vida en el pueblo. Cuando salgo a la calle a medio dia, siempre tengo la sensación de que es mas temprano, poruqe falta movimiento, uno compara con su lugar de origen; y como el sol sale por el mar, también la luz hace que mi percepción del horario. En momentos como este me doy cuenta que aun sigo en la ruta, que esto es una parada de la cual en dos días más nos levantaremos para seguir el viaje. En momentos asi, que uno se da cuenta que aun no está en casa, es cuando se puede sentir el poder del camino, recordar el lugar de donde viene y sentir la total diferencia que hay entre esto y aquello. Ahí el alma hace un movimiento que la agranda, la ensancha y guarda el recuerdo para siempre.